Señoras, señores, tenía que decirles que toda mi vida me he considerado de izquierdas porque creía que esa era la etiqueta en la que mejor encuadraban mis valores, ideales y convicciones sobre como debe estructurarse la sociedad para que sea más justa y más libre. Sin embargo, partes importantes del cuerpo de pensamiento, las cuales considero fundamentales para las máximas que me llevan a autocatalogarme como "de izquierdas", son consideradas de derechas por parte de gran parte de la izquierda en Catalunya, y por eso me gustaría reflexionar sobre ellos. Dos puntos fundamentales en ello: 1) Mi escepticismo con el dret a decidir: Si nos abstraemos de toda la retórica romántica de catalogar naciones como entes con vida propia y nacionalistas como nobles caballeros comprometidos hasta la muerte con su defensa, la independencia de una parte del territorio no es algo externo a la totalidad de éste: Supone exclusivamente la fragmentación en dos del espacio común de ciudadanía, por lo que los ciudadanos de una de las dos partes pasan a ser extranjeros en la otra y viceversa. SIendo así, esta cuestión afecta, en absoluta igual medida, a todos los ciudadanos que van a ver fragmentado su espacio de soberanía, y no sólo a aquellos que van a izar una bandera diferente en una de las dos partes. En tal caso, el derecho unilateral a decidir sobre partir en dos el espacio de ciudadanía, no puede ser tal, pues supone un hurto de derechos a los ciudadanos del resto de ese espacio. Por eso me reitero en que una consulta solo puede ser legal y acordada. Por otra parte, eso estaría en perfecta consonancia con la interpretación que hacen del derecho internacional aquellos que apuntan que el derecho a la autodeterminación sólo puede ser instrumental para que aquellos a quienes son negados los derechos de ciudadanía puedan acceder a ellos (colonias, territorios ocupados militarmente y territorios donde no se respeten los derechos fundamentales de los ciudadanos). Por eso, me parece obvio que el "dret a decidir" tal como está formulado atenta contra la igualdad, y por eso es incompatible con mis ideas de izquierdas. La otra cosa, y ésta es una cuestión más prescriptiva, estoy en contra de que el estado reconozca el carácter plurinacional de España; de hecho, estoy en contra de que el estado no matice el uso del concepto nación subordinandolo al principio de ciudadanía, no al de homogeneidad cultural. Que Catalunya (y el resto de "naciones" del Estado) lo sean o no, es algo independiente de que el estado lo reconozca legalmente. Si no son naciones, su reconocimiento no tiene sentido, y si lo son el estado se convierte en una especie de notario que certifica que lo son. Vamos, como si necesitáramos enunciar la ley de la gravedad en el Código Civil para garantizar su cumplimiento. Sin embargo, el reconocimiento de las naciones en sentido cultural entraña el problema de que ésto es puramente accesorio para inferir de esa condición, y no del ideal abstracto de ciudadanía, el conjunto de derechos políticos, y ese es el peligro y el motivo que me lleva a rechazarlo radicalmente. Los derechos políticos deben basarse en la condición absoluta de ciudadanía, y no remitirse a afinidades culturales o hechos heroicos del pasado. Quería decir que, si pensar así me convierte en un facha, lo soy. La etiqueta es lo de menos.
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